martes, 8 de marzo de 2016

Club de Lectura. La Catedral del Mar


Os participantes do Club de Lectura achegáronse a unha historia ambientada no medievo, concretamente na Barcelona do século XIV. La Catedral del Mar, ópera prima de Ildefonso Falcones, narra unha historia que ten como nexo de unión a construción da Igrexa de Santa María do Mar. O seu rotundo éxito foi abrumador: número 1 en vendas no ano 2006,  traducida a máis de 15 idiomas e merecedora de varios galardóns como mellor novela do ano.


Marila Ruíz, a coordinadora do Club, preséntanos a obra do seguinte xeito:

La catedral del mar, de Idelfonso Falcones.
Si hay algo que creo que he aprendido a hacer verdaderamente bien es a leer, es a disfrutar leyendo…. casi cualquier cosa, independientemente de que me guste o no. La primera muerte que lloré leyendo fue la de don Quijote y mis primeras carcajadas literarias fueron con El sueño de una noche de verano. Por voluntad propia jamás he podido pasar de la página tres de En busca del tiempo perdido, pero si tuviera que hacerlo porque me pagan o porque me va la vida en ello, estoy segura de que disfrutaría muchísimo.
Aunque a mí, lo que de verdad me maravilla, son los best-sellers.
Cuando leímos en el Club de Lectura la Catedral del Mar, yo estaba muy preocupada por un problema personal. Me hubiera costado y costado cualquier otra lectura, pero era abrir La catedral del mar y de repente estaba en la Edad Media entre judíos, moros y cristianos… y un dramón de vida la de los payeses y un montón de injusticias sociales y de peligros y de amistades y buenos y malos y algo de sexo y mucho ritmo y algo de cultura histórica… Vamos, que si eres capaz de pasar por alto la ideología de género, es un caramelo.
En cuanto a las opiniones del Club, ha habido como siempre de todo, más gusto que disgusto. Las objeciones fueron que había algunas partes un poco tediosas sobre la historia de Cataluña, que este libro había sido escrito para forrarse, que no aportaba nada nuevo que no supiésemos de la Iglesia o que era un poco simplista. En el gusto, lo más destacado era lo bien que se leía, lo detallado y sorprendente de sus recreaciones (cómo era un juicio de la Inquisición o cómo vivían las mujeres), lo bien que lo pasabas leyendo (tantas desgracias) y, sobre todo, el mejor de los piropos para un libro así: el no poder parar hasta el final.
En una tarde de playa, o en un fin de semana de ciclogénesis o en una gripe sin dolor de cabeza he hecho muchas cosas agradables, pero nada en la vida me ha proporcionado tanto placer como un best-sellerde este tipo.

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